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Le Ofrecieron $500.000 Por Ser El PitBull Más Grande Del Mundo ¿ Y tu que harías?

EL PITBULL MAS GRANDE DEL MUNDO


Al parecer muchas personas no entienden el valor de un ser querido, lo animales en especial los perros son parte de la vida una persona y un miembro de la familia que no tiene precio luego de que te acostumbras a ellos. Aunque este perro sea enorme no supone ningún peligro, solo un buen consumo en el hogar por su gran tamaño.
Este gran perro pit bull uno de los mas grande en el mundo y se llama Hulk, en poco tiempo ha ganado mucha popularidad por su gigantesco tamaño, por lo que muchas personas han estado interesado en adquirirlo. Pero para la suerte de Hulk tiene unos dueños que solo les interesa darles amor y no han cedido ante ninguna de las oferta. La razón por la que no venden a Hulk es simple y es porque para ellos él es parte y miembro de la familia por lo que no está en venta.
Por el ofrecieron unos $500.000 dólares pero su familia se negaron a vender a su querido miembro de su familia.





Hulk, tan solo tiene 17 meses, pesa un promedio de unos 78kg (173.4 lb). 

Comparte esta gran historia como Hulk con otros.

La oración de un hermoso Bebe hacia Jehova Dios

Un niño, próximo a nacer, le dijo a Jehova que mora en los Cielos:

-Me vas a enviar a la tierra pero, ¿cómo viviré allá, siendo tan pequeño y tan débil?

-Entre los muchos ángeles escogí a uno que te espera -le contestó Dios-.

Pero aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír y eso basta para mi felicidad. ¿Podré hacerlo allá?

-Ese ángel te cantará y sonreirá todos los días y te sentirás muy feliz con sus canciones y sus sonrisas.

-¿Y cómo entenderé cuando me hablen, si no conozco el extraño idioma de los hombres?

-Ese ángel te hablará y te enseñará las palabras más dulces y más tiernas que escuchan los humanos.

-¿Qué haré cuando quiera hablar contigo?

"Perdonar………me liberó"

"La siguiente es mi historia personal. Sucedió hace 15 años, siendo muy joven. Fui víctima de abuso sexual por parte de tres personas cuando tenía tan sólo 21 años ..." Carmen E. 


Mucho se ha escrito sobre el perdón. Desde niños aprendemos, principalmente en la escuela, que debemos perdonar al prójimo. Pareciera que es algo tan simple, “….me lastimaste pero te perdono.” Puede ser fácil en pequeñas situaciones como en juegos infantiles donde alguien sale lastimado o a veces, en discusiones de adultos donde se dicen palabras hirientes, mayormente de manera inconsciente. De alguna forma, siempre tendemos a pedir perdón y a perdonar, pero poco se habla sobre el perdón en situaciones más complejas. 

La siguiente es mi historia personal. Sucedió hace 15 años, siendo yo muy joven. Fui víctima de abuso sexual por parte de tres personas cuando tenía tan sólo 21 años. No éramos amigos, sólo conocía a uno de ellos. No fui consciente cuando sucedió porque se valieron de colocar algo en la bebida que me ofrecieron. Ni siquiera pude defenderme. No recuerdo más. Al día siguiente cuando recuperé la consciencia me di cuenta de lo que había ocurrido, no es necesario entrar en detalles. Por más que intentaba no podía recordar nada. Estaba desesperada. Me encontraba en una casa particular muy grande y muy lujosa. Busqué rápidamente la salida y al llegar a la calle, mi primera reacción fue llorar y correr… correr sin rumbo hasta que me detuve y al encontrarme cerca de donde vivía Paula, una de mis mejores amigas, decidí ir a verla y contárselo… pero no pude hacerlo. 

Sólo le pedí a Paula que me acompañara a casa y que después hablaríamos. Desde ese momento todo cambió en mi vida. Sentí como si algo se había quebrado dentro de mí. No podía entender por qué me había sucedido algo así. Traté de buscar una respuesta, traté de recordar y no lo conseguía, necesitaba contarlo, pero cada vez que intentaba hacerlo la culpa y el miedo se apoderaban de mí. Pensé muchas veces en poner una denuncia pero nunca fui lo suficientemente valiente para hacerlo, no sabía cómo afrontarlo. Viví mucho tiempo con eso bien guardado. Mi comportamiento cambió mucho, dejé de interesarme por los estudios, me dejé llevar muchas veces por el alcohol y comencé a deprimirme. Me alejé de mis amigos, en varias ocasiones intenté acabar con mi vida y comencé a hacerme daño. Me convertí en una persona completamente desconfiada, rebelde y me perdí. 

A veces, pensaba que con el tiempo podría olvidarlo todo y comenzar nuevamente, ése era mi propósito, pero el pasado era más fuerte, sentía que necesitaba ayuda. Por las noches mis oraciones sólo pedían volver a construir mi vida, olvidar y encontrar el camino nuevamente. 

Fue así que un día encontré en un café a mi amigo Fer. Habíamos dejado de vernos hacía mucho tiempo y al encontrarlo, decidí que se lo contaría, pero no lo hice porque mientras conversábamos me llamó mucho la atención lo que hacía. Escribía varias frases repetidas, como una tarea de nivel básico en la escuela. Cuando le pregunté me dijo que había iniciado una terapia sobre la Dieta del Perdón, y que estaba perdonándose. Al principio pensé que era una broma por el nombre (¡Dieta del Perdón!), luego comenzó a explicarme de lo que se trataba. Todo lo que dijo llegó a tocar lo más profundo de mí ser y me di cuenta de toda la rabia que sentía contra mí, contra mis padres, contra la gente, contra esas personas, contra el mundo. Le pedí información sobre la terapia y me dio los datos para hacer una consulta. Se lo agradecí muchísimo. 


De esta forma inicié mi terapia de Rebirthing (renacimiento, volver a nacer). Conocí a Ana y fue la primera vez que pude hablar de lo que me había ocurrido años atrás. Contando los detalles y llorando mucho, sentí que me liberaba de un gran peso. Después comencé con mi Dieta del Perdón. Fue muy difícil en un principio. Comenzaba y no la terminaba, pero al final logré hacerlo y en dos años conseguí perdonar a 18 personas. Cuando decidí perdonar a estas 3 personas puse todo mi empeño para hacerlo de corazón, pese a que necesitaba remover el pasado y recordar, sentí como toda esa historia, se convertía en eso, exactamente en “una historia”, no existía más dolor, ni me producía tristeza y sobre todo, la culpa que llevaba había desaparecido. Leí muchas historias de personas que habían pasado por la misma situación y también numerosos libros sobre el perdón. Lo más importante que aprendí fue que todos tenemos la fortaleza para afrontar las cosas que no podemos cambiar, la capacidad para perdonar y cambiar y así mejorar nuestra vida. Aprendí que nadie tiene el derecho ni el poder de destrozar tu vida, destruir tus ilusiones y hacerte sentir culpable, a menos que tú se lo permitas. Aprendí que no importa cómo sucedan las situaciones en nuestra vida, siempre estamos en brazos de lo Divino, que es justamente donde encontramos nuestra fuerza. Me gustaría compartir estos párrafos extraídos de algunos libros maravillosos que conservo y que me ayudaron: 

El ángel del Perdón 

Perdono a todos, me perdono a mí mismo, perdono el pasado. Estoy libre. El mayor poder de curación está en el perdón que, con la ayuda del Alma, dirigimos hacia las personas que nos hayan ofendido. (Meditando con los Ángeles de Sonia Café) 

Lo único que debe ser perdonado, lo único que debemos esforzamos por perdonar en los demás es la ignorancia. 

El perdón lo resuelve casi todo. Todos podemos experimentar cómo perdonar cambia nuestra vida milagrosamente. 

"La Espera"/ "Ser Superior" 
Hoy 15 años después y viviendo hace 3 años en otro país, mi vida está llena de pruebas y momentos difíciles, pero también de aprendizajes y mucha fortaleza. He conocido personas muy buenas en el camino y el amor muchas veces. Podría decir que he conocido la felicidad en cosas muy simples y he tenido momentos en los que he reído más que llorar. Adoro mi ciudad de origen, mi familia y mis amigos, pese a formar parte de un pasado doloroso que quedó atrás. Nunca he dejado de sentirme muy cerca de Dios porque nunca me abandonó. Gran parte de mis sueños se han cumplido especialmente en la parte profesional y sé que pronto lograré cumplir mis sueños a nivel personal formando una familia. Hoy tengo la oportunidad de escribir y compartir mi historia de superación como una forma de llegar a las personas que pasan por situaciones similares y no encuentran una salida. Mi salida fue perdonar y perdonando me liberé del pasado.

Cuando el amor no basta


Lucas nace un frío día de invierno. El parto fue largo y agotador. Apenas puedo ver unos instantes a mi bebé, antes de que se lo lleven para limpiarle las vías respiratorias y darle oxígeno. Al cabo de un rato lo estabilizan y por fin me permiten abrazarlo. Siento su cuerpito tibio y suave sobre mi vientre. Es un pequeño milagro. Rozo con los labios su tersa frente e inhalo su aroma. ¡Si tan sólo pudiera guardar esta emoción en un frasco!, un frasquito que pudiera abrir de vez en cuando para recordar las maravillas de la vida...

Lucas es apenas un nene de dos años cuando comienzo a darme cuenta de que es diferente. ¡Es tan callado! Si quiere algo, me tira de la ropa y lo señala. Pero aparte de eso, rara vez usa gestos para comunicarse. Tampoco dice sí ni no con la cabeza. A menudo se frustra y se enoja porque no lo entiendo: grita, patalea y da manotazos. No reacciona cuando le hablo ni al llamarlo por su nombre. Mi esposo, Calle, y yo, empezamos a preguntarnos si será un poco sordo. ¿O no? Cuando digo “dulce”, Lucas corre hacia mí de inmediato. No obstante, escapa del contacto físico. A veces acepta sentarse a upa, pero por lo general sólo cuando está muy cansado. Aprovecho cualquier oportunidad para abrazarlo, pero no son más que unos instantes, y demasiado infrecuentes.

El niño tiene problemas para concentrarse. Revolotea por todos lados como una mariposa, y apenas se detiene en algún lugar para reiniciar el vuelo en seguida. No le gustan los juguetes; le interesa más explorar. Le encanta hacer que las cosas giren: si tiene un cochecito, en vez de ponerlo a rodar en el suelo, lo da vueltas y hace girar las ruedas. Le fascina hacer esto con todo objeto redondo: anillos, monedas... También lo hace con su cuerpo. Tratamos de detenerlo, porque si no, continúa hasta que se marea y se cae.

No le interesa jugar con otros chicos. Si estamos en el parque, se sienta en el arenero y tira arena a su alrededor, o arroja piedras en los charcos, indiferente a los demás. A veces trata a su hermanita, Sara, como si fuera un objeto o un mueble. Suele taparla con una manta, y si ella le obstruye el paso, la levanta —en algunas ocasiones agarrándola por el cuello—, la cambia de lugar y la deja caer al suelo.

La palabra “autismo” me ronda la cabeza. Busco información en Internet. Mucho de lo que leo allí describe a Lucas, pero Calle y yo nos negamos a creer que sea tan grave.

Le contamos nuestros temores a la abuela de Lucas, Gunilla, que lo ve con frecuencia y se lleva muy bien con él. Ella nos dice que nuestro hijo no puede ser autista: ¡es tan alegre y juguetón! Es cierto que apenas habla, pero todavía es chico. Su hermanita nació hace poco, y en estos casos es común que el desarrollo de los niños se retrase por un tiempo.

Ante nuestras dudas, Gunilla nos sugiere buscar ayuda profesional. Luego de hacer varios llamados, hablamos con una terapeuta del lenguaje que puede atender a Lucas, pero no antes de octubre. Tal vez sea lo mejor; así podrá madurar un poco más.

Con la terapeuta

Llegó el otoño. Lucas y yo tenemos una cita con la terapeuta del lenguaje. Es un día despejado, pero frío y con viento. No hay tráfico, así que pronto llegamos al hospital. Mi hijo está tan lindo con su pelo rubio, lacio y corto. Me mira con sus enormes ojos azules. Su carita redonda está seria. ¿Acaso percibe mi inquietud?

La terapeuta nos recibe. Es más o menos de mi edad. Se inclina un poco para saludar a Lucas. Él se mueve hacia un costado y corre hacia la recepción. La mujer lo sigue, sonriendo. Lucas corre por todas partes. Trato de calmarlo y de hacer que se siente a upa, pero es imposible.

— Déjelo —me dice la terapeuta—. Aquí no hay nada que pueda romper, y usted y yo tenemos que hablar.

Intento relajarme, sin dejar de mirar a mi hijo. La terapeuta me pregunta sobre su edad, desarrollo, relaciones familiares y el motivo de la consulta. Luego lee el expediente: Lucas no balbuceó a los seis meses; a los 10 no comprendía palabras sueltas, y a los 18 no decía más de 10 palabras coherentes, ni podía señalar las partes de su cuerpo. El nene ya va a cumplir tres años. La mujer me pregunta si le han hecho un examen de audición.

— Sí, en primavera —contesto—. Lucas oye bien con el oído derecho, pero la prueba del oído izquierdo no fue concluyente porque costó trabajo hacérsela. La verdad, no creo que sea un problema auditivo. Parece que el chico escucha bien cuando quiere.

La mujer levanta una bolsa amarilla y trata de que Lucas se acerque, pero él sigue corriendo por el cuarto. Lo atrapo y nos sentamos en el piso.

—Mirá —le dice la terapeuta al niño, y saca una vaca de plástico de la bolsa—. ¿Qué es esto?

Lucas no responde.

— ¿Cómo hace la vaca?

Sigue el silencio. Entonces saca un coche de juguete. El niño casi se lo arrebata y empieza a hacer girar las ruedas.

— ¿Qué es eso? —insiste la mujer.

Lucas no contesta ni la mira; sólo sigue jugando. Ella le saca el coche y el niño protesta.

— Mira, podés tomar otra cosa de acá —dice, y le acerca la bolsa.

El niño mete la mano y saca una pelota, que de inmediato lanza al otro extremo del cuarto.

— Pelota —dice la terapeuta.

Quiere que Lucas repita la palabra, pero él no quiere hacerlo. La mujer lo intenta con otros objetos, pero no le hace el menor caso. De pronto Lucas se levanta, va a buscar la pelota, me la tira y dice “¡Ay!”. Me la arroja una y otra vez.

— Mano —dice al cabo de un rato, lo que significa que quiere sentarse sobre mis piernas.


Es como si el lenguaje no fuera algo natural para él y tuviera que inventar una gramática propia, y significados para las palabras. Le pregunto a la terapeuta qué piensa, y si podría ser autista. Me dice que no puede emitir un juicio tras una sesión tan breve, pero me aconseja acudir a un neurólogo para que lo evalúe. Entonces nos despedimos y volvemos a casa.

Hacer algo pronto

La visita a la terapeuta del lenguaje confirma nuestros temores y sospechas. Durante más de medio año nos limitamos a esperar que se produzca un cambio en Lucas. Ahora estamos ansiosos por conseguir consejo y ayuda. Llamo por teléfono al Hospital Infantil Sachsska, en Estocolmo, y una enfermera casi se ríe de mí.

— ¿Una evaluación neurológica antes de Navidad? Es imposible. Ya es octubre y tenemos una lista de espera de dos años —dice—. Primero necesitamos que su médico le dé la orden.

Una lista de espera de dos años. No puedo creerlo. Siento pánico. No podemos esperar tanto. ¿Y si el chico está enfermo y necesita tratamiento? ¿Y si tiene un tumor cerebral?

— ¿Hay algún otro hospital al que podamos ir?, pregunto, alterada.

Me contesta que sólo unos cuantos hospitales realizan esos exámenes, y me dice algunos nombres. Hago varios llamados, pero las listas de espera son igual de largas. Una enfermera menciona que podemos obtener una evaluación en el consultorio privado del doctor Tore Duvner.

Después de hablar con mi esposo, llamo al doctor Duvner. Su lista de espera es de tres meses, pero lo convenzo para que nos atienda antes. Le llevará tres meses realizar la evaluación, y la comenzará dentro de 30 días.

Estoy desesperada. ¿No hay nada que podamos hacer mientras esperamos el diagnóstico? Llamo al centro de apoyo para niños y adolescentes autistas —donde psicólogos, terapeutas del lenguaje y maestros de educación especial aplican programas de intervención individualizados—, y pregunto si pueden ayudarnos. Me dicen que sí, pero antes se requiere el diagnóstico. También tienen una lista de espera, claro, y es de un año.
Todo lo que leo me hace ver la importancia de la intervención temprana: cuanto más pequeño sea el niño al empezar a recibir educación especial, más altas son sus probabilidades de llevar una vida normal. Tenemos que hacer algo ahora.

Me pongo a buscar un tratamiento que pueda ayudarlo. Por las noches, mientras los chicos duermen, navego en la Red y leo todo lo que encuentro sobre autismo y trastornos del lenguaje. Reviso informes científicos durante horas, todos los días. Elijo materiales y empiezo a desarrollar mi propio método educativo. Entre otras cosas, uso películas y fotos para enseñarle a Lucas a nombrar objetos y personas de su entorno. Poco a poco comienza a entender. Hacemos un álbum con fotos de alimentos, bebidas y personas ocupadas en diversas tareas. Lo llevo a Datateket, un lugar donde los chicos con problemas de aprendizaje pueden jugar y aprender con computadoras. Lucas prueba algunos juegos y parece muy divertido cuando pasan cosas en la pantalla. Pronto aprende a usar las diferentes teclas y el mouse.

Una noche estoy sentada en el sillón con un libro en las manos. Apenas llevo leídas unas páginas cuando le digo a Calle: — ¡Creo que encontré un método que podría servirle a Lucas! El método parte de que el niño padece un trastorno de aprendizaje, y que antes de empezar a aprender, debe “aprender a aprender”. Llamo a la autora, quien me dice que en la ciudad de Uppsala, al norte de Estocolmo, hay un psicólogo llamado Örjan Swahn que enseña esa pedagogía y da conferencias sobre el tema.

Me convenzo cada vez más de esta opción y entonces me comunico con el psicólogo. Swahn dice que debemos formar todo un equipo alrededor del niño, integrado por nosotros —los padres—, terapeutas y maestros de educación preescolar. Sus ejercicios están diseñados y desarrollados paso a paso. Pienso que su estrategia de enseñanza suena bien, así que nos inscribimos en uno de sus cursos.

En diciembre y enero, Lucas es evaluado. Cuando terminan de hacer los exámenes, nos reunimos con Tore Duvner, quien observa la conducta del niño mientras juega. Aún no puede emitir un diagnóstico; primero debe analizar con cuidado los resultados de las pruebas. Tenemos otra cita con él en febrero.

Un paso adelante

El día de la cita viajamos a Uppsala para asistir al curso de Swahn sobre terapia conductual. Lo primero que Lucas aprenderá es a escuchar y entender la palabra “ven”. Me siento a un metro de él. Swahn se para detrás del niño y lo sostiene. Entonces yo lo llamo: — ¡Lucas, ven! Para ayudarlo a entender, Swahn lo empuja suavemente hacia mí. Cuando el niño se acerca, lo abrazo y todos en el cuarto aplauden y exclaman: — ¡Bien hecho, Lucas! Al principio el niño se cohíbe, pero luego empieza a apreciar los aplausos y las felicitaciones. Lo hacemos una y otra vez. Si Lucas no se mueve, Swahn dice “incorrecto”; lo llamo de nuevo, y si no camina, el psicólogo lo empuja con suavidad hacia mí.

Después aprende a imitarnos. Hay dos cubos de plástico en la mesa. Le digo—Haz esto —, y tiro uno de los cubos en una caja que hay en el piso. Lucas aprende muy pronto a hacer lo mismo. Luego Swahn se sienta frente a él, dice “haz esto” y entrechoca las palmas una vez. Lucas se retuerce en la silla, pero no aplaude. Cuando aplaudimos en los primeros ejercicios, lo hizo bien y aplaudió espontáneamente, pero ahora que queremos que nos imite, no funciona. La siguiente vez un asistente se coloca detrás de él, y al ver que no aplaude, toma sus manos y lo ayuda a hacerlo, pero él grita, protesta y trata de escapar.

Todos comenzamos a sentirnos un poco incómodos. Swahn dice que es mejor que Lucas reaccione así ahora y no cuando nos hayamos ido. Él señala que quiere hacerlo bien, pero teme que sea demasiado difícil y prefiere no intentarlo.

Pasamos un largo rato discutiendo cómo crear un equilibrio que permita al niño sentirse a gusto y disfrutar los ejercicios. Todo sale bien, y al final tenemos una estrategia de enseñanza estructurada para trabajar.

Un día después de haber concluido el curso nos reunimos con el doctor Duvner. Por fin nos dará el diagnóstico. Estamos tranquilos y preparados para lo peor. El médico dice que Lucas presenta los síntomas del trastorno de espectro autista. Aunque no nos sorprende el dictamen, es doloroso escucharlo. Calle y yo nos tomamos de las manos y nos ponemos a llorar. Duvner cree que Lucas tiene una inteligencia normal y un evidente trastorno del lenguaje, pero como muestra mucho interés en hacer contacto y se adapta rápidamente a la comunicación por imágenes, hay esperanzas de que sus síntomas de autismo sean consecuencia de su trastorno del lenguaje. Ahora una pequeña luz brilla en medio de nuestras sombras.

Dudas y miedos

El adiestramiento de Lucas continúa. Los ejercicios funcionan y está progresando. Habla poco, pero su vocabulario pasivo aumenta con rapidez. Pronto aprende nuevas palabras y las señala en las imágenes. Usamos su golosina preferida como premio cuando hace bien un ejercicio, y luego empezamos a usarla en el propio ejercicio. Ponemos caramelos rojos y verdes en la mesa y decimos “Señala el rojo”. Si el niño lo hace bien, se lo queda; si no, debe intentarlo de nuevo.

A pesar de la intensa práctica, le cuesta aprender los colores. En un ejercicio ponemos en la mesa un cubo rojo y una vaca de juguete. Luego decimos “Dame el rojo”, y se supone que debe darnos el cubo. Lo ayudamos a elegir el color correcto una y otra vez, pero cuando tiene que hacerlo solo, elige la vaca tantas veces como el cubo. Está claro que no entiende. ¿O lo habremos confundido? Tras aprender que un cubo se llama cubo, ahora de repente lo llamamos rojo.

Empieza a preocuparme haber elegido el método incorrecto. Los ejercicios han funcionado bien y Lucas no ha protestado mucho, pero me parece que comienza a mostrar síntomas de estrés. Aunque hace mucho tiempo que no usa pañales, otra vez está mojando su ropa interior. Tal vez sea su manera de decirnos cómo se siente.

Un día le damos caramelos, y vemos con horror que sólo rechaza los rojos. Pensé que sus golosinas preferidas lo alentarían para realizar los ejercicios, pero más bien se han convertido en un factor negativo. Siento como si estuviera haciendo de Dios en la vida del niño. Controlo y dirijo sus instintos e influyo y modifico su conducta. Tengo miedo de lastimarlo. Después de verlo mostrar esos síntomas, los caramelos rojos son la gota que rebalsa el vaso. No quiero experimentar con sus pensamientos y sus deseos.

Juegos simples

Debo usar otra estrategia de enseñanza. Con la terapia conductual logramos que Lucas se sentara frente a la mesa, se concentrara, escuchara las instrucciones, comprendiera y realizara los ejercicios. Mostrándole fotos y dibujos aprendió a señalar distintos objetos, y nos dimos cuenta de que tiene un amplio vocabulario pasivo. Al ver las imágenes también empezó a pronunciar las palabras. Ahora quiero enseñarle la función del lenguaje y que experimente la alegría de utilizarlo. Uno de nuestros ejercicios es jugar en nuestra cama. Le hago cosquillas, lo persigo, lo atrapo y lo tiro en ella, lo cual le encanta. También le enseño nuevas palabras, como “caer”. Cuando Lucas dice “caer”, me tiro en la cama y él se ríe a carcajadas.

Busco en Internet y encuentro bancos de imágenes creadas para mejorar el lenguaje de los niños autistas. Hago un curso que enfatiza la importancia del juego. Los instructores nos enseñan a motivarlos por medio de juegos sencillos, y es precisamente lo que quiero para desarrollar las habilidades de comunicación e interacción de Lucas, en vez de corregirlo cuando comete errores. De noche sigo leyendo libros sobre autismo, comunicación y psicología. Ya casi no duermo, y mi cerebro nunca descansa. La línea entre el sueño y la realidad se hace difusa.

En el jardín

El verano termina y por fin vamos al centro de apoyo para niños autistas a ver a un terapeuta del lenguaje. Este observa a Lucas mientras juega y luego prepara un programa de ejercicios.

En agosto, Lucas ingresa en el jardín de infantes. La adaptación dura tres semanas. Para mi hijo, que ahora tiene poco más de tres años y medio, es un gran paso estar lejos de mí, formar parte de un grupo con otros chicos y ser atendido por adultos que no conoce.

El distrito escolar designó una maestra de educación especial para que trabaje con él la jornada completa. Su tarea no es sencilla. Lucas corre por todos lados y tira cosas por doquier. En la sala de juegos, tira las piezas de Lego y destruye las “casas” que los otros chicos levantan con almohadas. En la clase matutina se niega a participar, y a la hora del almuerzo se pone peor. Empiezo a preguntarme si esto realmente funcionará.

A veces tenemos que obligarlo para que intente cosas nuevas, o de lo contrario no aprenderá nunca. Pero su maestra es muy paciente con él. Piensa que el interés debe surgir sin presiones. Se supone que ella debe guiarlo en los ejercicios preparados por el terapeuta del lenguaje, pero como Lucas protesta y ella respeta su voluntad, los ejercicios no se hacen.

A lo largo del año, la maestra falta a clases frecuentemente por enfermedad, y la escuela no quiere contratar una suplente por presuntas razones de dinero. El desarrollo de Lucas es lento, así que contratamos a una maestra particular para que trabaje con él en casa una tarde por semana.
Sé que para los empleados del jardín mi hijo es demasiado demandante y que preferirían, aunque no me lo dicen, que ya no volviera.

Encaro la situación exigiendo una reunión con el administrador del distrito y el supervisor de la escuela. Después de eso, se designa a otra maestra especial para que ayude a Lucas. Como él resuelve rápido los ejercicios, necesita algunos nuevos, pero nuestras citas con el terapeuta del lenguaje son escasas y muy espaciadas. Lucas se desarrolla lentamente y su habla no mejora.

Pasado el verano le asignan otra maestra, la tercera en un año. Se llama Tova y es una encantadora joven de veintitantos años. Antes era suplente en el jardín, así que mi hijo ya la conoce. Cada mañana trabajan dos horas en nuestra casa y luego se van caminando a la escuela. Así Lucas tiene un poco de paz y silencio, y puede concentrarse en los ejercicios. Tova recibe asesoría de un terapeuta del lenguaje del centro de apoyo, el cual nos presta además algunos materiales didácticos. Ahora Lucas se comporta mucho mejor. Ya no hace tantos berrinches, y cuando voy a buscarlo no está en la entrada esperándome. Casi a diario juega en el arenero, pero siempre solo.

Luz de esperanza

En noviembre veo por televisión un programa sobre niños autistas de Noruega que reciben adiestramiento intensivo y tuvieron progresos excelentes. Algunos de ellos llevan una vida completamente normal y asisten a la escuela común sin ningún apoyo extra. Se trata del método de terapia conductual que empezamos, y que decidí abandonar por temor a manipular la mente de Lucas.

Hace año y medio que dejamos esa terapia. Desde entonces, casi no ha avanzado en destrezas de comunicación. Pronto cumplirá cinco años, y en todas partes encontré que si un niño no habla al llegar a esa edad, es muy poco probable que adquiera un lenguaje funcional; tenemos miedo de que si seguimos como hasta ahora, nunca aprenda a hablar. El terapeuta del lenguaje no puede ver a Lucas con mayor frecuencia, y la escuela no le da prioridad a sus ejercicios.

Llamo a la empresa noruega productora del programa, la cual abrió una filial en Estocolmo hace poco. Les explico nuestra situación, y agrego que queremos retomar la terapia conductual lo antes posible. Me dicen que mucha gente los ha llamado por el mismo motivo que yo, pero que las autoridades sólo pagan por el tratamiento de 30 niños autistas. Les pregunto cuándo podrían aceptarnos, y me dicen que no antes de un año. ¡No podemos esperar! Ya perdimos un año y medio; pronto serán dos. Hablo con Calle, y concluimos que no nos queda otra opción que pagar la terapia con nuestro dinero. Las sesiones por un año cuestan 170.000 coronas suecas [unos 20.000 dólares], lo cual afectará mucho nuestras finanzas.

En enero comenzamos la terapia conductual. Estamos preparados para el método y conocemos los ejercicios, porque ya pasamos por esto antes. Tova nos acompaña, deseosa de aprender. A Lucas se le dificulta formar sonidos, así que dedicamos un 90 por ciento del tiemp a esa tarea.

Una hora antes de que lleguen a la escuela los otros niños, Tova trabaja con Lucas y progresan mucho. Pronto ya puede articular todos los sonidos, y entonces continuamos con palabras y comprensión del lenguaje. También practican el contacto visual y a decir “hola” mirando a los ojos. Mi hijo aprende a saludar con un gesto, y a estrechar la mano.

Lucas trabaja en el jardín todos los días, y además de realizar sus ejercicios individuales, debe cumplir otros objetivos cada jornada; por ejemplo, mantenerse quieto y poner atención a la clase matutina, levantar la mano cuando dicen su nombre, sentarse a la mesa para almorzar y participar en los juegos de grupo al aire libre por las tardes. Esta vez la terapia conductual funciona bien y Lucas no muestra síntomas de estrés.

Tres palabras

En la primavera compro un teléfono al que se le pueden pegar fotos y números telefónicos en los botones. Será útil cuando mis hijos sean mayores y quieran hacer llamados. Lo programo y pego el número y la foto de Calle, los míos y los de otros familiares. Luego les enseño a Lucas y a Sara a usarlo. Apretan el botón con mi foto, escuchan sonar mi celular y entonces contesto y hablo con ellos. Se ríen y piensan que es muy divertido.

Poco antes del verano, Calle y yo asistimos a una fiesta de mi empresa, y una buena amiga de la familia de mi esposo cuida a los chicos. Mientras converso con algunos colegas, mi celular suena. Lo saco rápidamente de mi bolso. No escucho nada, así que me tapo la otra oreja con los dedos.
— ¿Hola? —repito.
— ¡Mami, ya regresa! —dice una voz aguda al otro lado de la línea.
— Lucas, ¿sos vos? —pregunto, pero la llamada se corta.

Era mi hijo. Nunca me había llamado por teléfono, y dijo tres palabras: “Mami, ya regresa”. Nunca había dicho tantas de corrido. Esas tres palabras significan que desea verme. De inmediato llamo a casa, y la niñera contesta.

— Acabo de hablar con Lucas. ¿Lo ayudaste a llamarme? —pregunto.

— No, no sabía que había llamado. ¿Quiere hablar con él?

— Sí... ¡Hola, Lucas! ¿Me llamaste?

— ¡Hola, mami! —dice, y en seguida vuelvo a oír la voz de la niñera.

— No quiere hablar más. Todo está bien aquí. Ya los voy a acostar.


Después de colgar, todas mis emociones afloran y me pongo a llorar. Me disculpo, y digo que tengo que irme a casa con mis hijos. Anhelo verlos, pero también quiero demostrarle a Lucas que sus palabras son útiles, que la comunicación es importante.

En el auto lloro todo el camino, muy conmovida por el hecho de que Lucas pudiera hacer algo tan significativo. Una vocecita en el teléfono. Mi hijo autista hizo una llamada sin ayuda para pedirme que regresara a casa.

Una vida mejor

Quiero que Lucas sea capaz de encarar todas las situaciones con que lidian los otros chicos de su edad, y lo ayudo todo el tiempo. Fomento en él diversas actividades recreativas, y lo llevo a un gimnasio infantil para que desarrolle sus habilidades motoras; como en cada clase practica los mismos ejercicios, le resulta más fácil realizarlos. Los demás padres esperan afuera y miran por las ventanas; yo, en cambio, suelo quedarme dentro para ayudar a mi hijo cuando no entiende algo o cuando se aleja del grupo.

Un día, otra madre me pregunta por qué estoy allí. Le explico las dificultades de Lucas, y agrego que a veces necesita apoyo extra.

— Ah, no me había dado cuenta—dice.

Es muy agradable escuchar que alguien puede ver a mi hijo como a cualquier otro chico. ¡Estoy tan acostumbrada a pensar que es raro y diferente!

Lucas también asiste a clases de natación. Ya sabe nadar, pero para él es bueno ser parte de un grupo, aprender a seguir instrucciones y esperar su turno. En la piscina tiene la oportunidad de destacarse, pues es valiente y disfruta el agua, lo cual favorece su confianza en sí mismo.

En el verano lo inscribimos en un curso de golf infantil. Este deporte es ideal para él: es individual y a la vez social. Los golpes son siempre los mismos (sólo se cambian los palos), y a Lucas le gusta la repetición. No es fácil, pero con la práctica mejorará.

En agosto ingresa a la primaria y se adapta rápidamente a ese mundo más amplio. Para nosotros es maravilloso que se integre a un grupo común. Como ya sabe leer, escribir y contar, aventaja a sus compañeros, pero tiene serias dificultades con el lenguaje y las interacciones sociales. Es como un turista en un país extraño. No tiene amigos, pero le gusta estar con otros chicos y visitarlos.

Durante años Lucas fue quisquilloso con la comida, y cuando iba al jardín yo siempre le mandaba el almuerzo. En la primaria son muy comprensivos: permiten que él entre a la cocina mientras preparan su almuerzo, y que ayude a ponerle sal y pimienta. Con el tiempo prueba otras comidas y ya casi no rechaza ningún plato.

Una noche, después de leerle antes de dormir, le doy un beso de buenas noches y me levanto para irme. Entonces me dice:

— Mami, acostate acá.
— ¿Querés que me quede un rato más?
— ¡Sí! —exclama con alegría.

Se me derrite el corazón y me acuesto a su lado. Cuando era más chico no le gustaba el contacto físico, pero ahora le parece agradable. Afuera está oscuro. Desde la tarde había señales de tormenta, y ahora los rayos entran en la habitación. De pronto oímos un trueno.

— Mami, hay monstruos afuera. ¡Escondete! — dice Lucas, y se mete bajo las sábanas—. ¡Vení, mami!

Le sigo el juego y nos abrazamos bajo las tibias mantas. La lluvia golpea la ventana y el viento silba entre los árboles. Luego de un rato nos destapamos y lo abrazo. Poco después advierto, por el ritmo de su respiración, que ya se durmió. Yo lo hago también, pero a medianoche Lucas me despierta.

— ¿Mami? —dice, con un tono de inquietud en la voz.
— Acá estoy, cariño. Volvé a dormirte —contesto sin abrir los ojos.

Se acerca más a mí y se mueve unos minutos hasta que se relaja. Se queda en silencio un largo rato, y entonces dice con voz muy clara:

— Mami, ya dejó de llover.

Sí, mi amor, digo para mis adentros. Tenés razón. Ya dejó de llover.

Lucas ya cumplió 11 años. Asiste a clases comunes y tiene una maestra de educación especial. Habla, lee, escribe y sabe contar. Es un niño feliz al que le encantan el cine y los Transformers


UNA LINDA HISTORIA DE AMOR...... PARA MEDITAR Y REFLEXIONAR.


Una mañana un joven recibió una llamada de su ex-novia, en la cual le decía… Yo también sentí lo mismo que tu anoche... Te espero dentro de una hora en el parque… Junto al pequeño muelle del lago. El puso el teléfono en su lugar y su impresión fue un poco aterradora, ya que un día antes había soñado a su ex novia, con la cual había quedado en malos términos y por rencores y orgullos ambos perdieron la comunicación de pareja y amistad. Tomo una ducha, se arreglo y pensó en decirles a sus amigos que ella le había llamado, pero prefirió dejarlo en privacidad… Total, era el momento para que ambos volvieran a cruzar palabras, ya que el orgullo no debe ser eterno, ni mucho menos un castigo en juicio…. El joven se dirigió al parque, se acerco al pequeño muelle y se sentó, observando y pensando que iba a pasar, que le diría su ex novia? de que iba hablar? Miraba a la gente pasar y entre esa gente la vio, su ex novia se acercaba a el de forma misteriosa… la vio extraña, vestía totalmente diferente! No vestía sus ropas frecuentes, ahora vestía un vestido blanco...que hacia ver en su rostro una extraña palidez, su mirada reflejaba una paz inmensa, lucia tan hermosa, Era como si destellara rayos de luz…… vestía unos zapatos impecablemente limpios del mismo color del vestido.....El intento decirle hola pero ella le dijo… Caminemos….


 Ella comenzó la conversación.....He sabido que has estado triste y que has tenido muchos problemas..... Te he soñado llorando... te he escuchado gritar afuera de mi casa… Y no me acercaba a ti, debido a las circunstancias, debido a tontos orgullos, yo se que tu no querías saber nada de mi… Y no te culpo… Ambos nos lastimamos demasiado, nos hicimos mucho daño y logramos alejarnos…. No vengo a discutir... No vengo a pedirte perdón..... Solo he venido a decirte que aunque las cosas no se arreglaron en su debido momento … Yo creo que nunca es tarde....... Sabes? Espere a que tú me llamaras, para poder platicar… Pero tu llamada nunca llego…. El esperarte... el pensar en ti… Borro mi apetito... Se robo mis días de sol… y me fue venciendo poco a poco…. Sin embargo guarde Fe… y dije "el llamara"…. Más nunca lo hiciste…. No te culpo pero si te comprendo…. Se lo que sentiste anoche… se lo que te paso, yo también lo sentía en ese momento, pero con mucho mas dolor… Grite tu nombre mil veces… y grite mil veces perdón, Que lastima que no me hayas escuchado… Que lastima que no me hayas llamado… Pero sabes amor? creo que nunca es tarde para perdonar y si te pedí que vinieras al parque fue para entregarte esto….

Ella le entrego en sus manos una cruz, la cual era símbolo del amor de los dos… Esta cruz es mi cuerpo... esta cruz es quien soy… Te amo y quiero que la conserves contigo por el resto de tu vida…. El se quedo sin palabras mientras gruesas lagrimas resbalaban por sus mejillas…. La gente lo miraba y lo señalaban....alguien le pregunto…. Joven esta usted bien? Y El respondió… Si porque? Lo veo caminar y lo veo llorar... Le sucede algo?…. Nada, gracias, simplemente estoy conversando con ella… La persona que pregunto se retiro extrañada del lugar…

El acompaño hasta su casa a su ex novia, ella le pidió que por favor la esperara afuera y el accedió…ella nunca lo hacia esperar en el patio… Se quedo 10 minutos esperando… y no regresaba De pronto escucho voces y vio salir de la casa a los amigos de ella, todos con cara triste y ojos llorosos… Lo abrazaron y le dijeron… Se nos fue, se nos fue……. Una extraña sensación recorrió todo su cuerpo Y entro corriendo a la casa, entro a la recamara de su ex novia...En ella se encontraba la mama de ella… abrazada del cadáver de la chica el cual reflejaba en su rostro una profunda tristeza …. El joven con llanto y un nudo en la garganta… Le pregunto a la Sra.…Que sucedió? Dígame que sucedió? Dice el doctor que murió de tristeza…Ella dejo de comer... dejo de reír….No sabemos si el desamor la alejo de todo... No sabemos si el sentimiento de culpa la hizo infeliz… te ha dejado esta carta! le dijo....el comenzó a leer....

Sabes amor? Yo también sentí lo mismo que tu…. El aire empieza a faltarme, Intento gritar pero no puedo, Luces blancas iluminan mi recamara…me voy para siempre amor.... Gracias por haber ido al Lago… gracias por estar aquí… Aunque en vida no me pudiste perdonar… Se que ahora lo harás frente a mi.....


El miro el cadáver…Y solo dijo: Perdóname tú a mí......

“En el amor, en la amistad…en la familia… no dejemos entrar sentimientos mezquinos en nuestro corazón, como lo son el rencor, el odio, el orgullo, la ira, etc.... aprendamos a perdonar y a pedir perdón No dejemos que mañana sea demasiado tarde… Mírense a los ojos… y sientan lo bello que es "vivir y perdonar"


El amor maduro ante los padres ancianos

Hoy te desesperas porque tus padres están viejos y achacosos. Se han convertido en una intromisión en tu apretada agenda, en una vergüenza cuando estas con tus amigos.


Comprende. Ahora tus padres están viejos. Es tu oportunidad de reflexionar y crecer en el amor. Los he puesto en tus manos para que aprendas a amar. El problema no son ellos. Eres tu que has olvidado de lo que es amar. Se te ha endurecido el corazón y ahora es el momento de recapacitar. Ahora te llamo al amor para con ellos. El amor todo lo vence.


Si ellos derraman su comida sobre su ropa, si les cuesta atarse los zapatos. Así fuiste tu y ellos te amaron.


Si les cuesta hablar y repiten lo mismo. Así fuiste tu y ellos te amaron.


Si tienen sus manías y sus achaques. Recuerda, así fuiste tu y te amaron.


Si te parecen inútiles y si no comprenden las nuevas tecnologías. Recuerda así fuiste tu y ellos te amaron.


Si caminan muy despacio y sacarlos a pasear requiere de tu paciencia. Recuerda, así fuiste tu y ellos te amaron.


Si se hacen las necesidades en la cama. Recuerda así fuiste tu y te amaron.


Si te gritan y se incomodan sin razón, recuerda los lloriqueos que ellos soportaron de ti. Todo por amor.


Si te dicen que no quieren vivir. Comprende. Solo te están demostrando su dolor y frustración porque sienten ser una molestia en tu vida. Es tu oportunidad para demostrarles con tu amor que ellos son mas bien un don porque los amas. Ellos te están enseñando a amar.


Recuerda, no hace mucho fuiste pequeño y ellos estuvieron a tu lado. Las mismas cosas de que te quejas las hiciste tu y ellos lo comprendieron todo. ¿sabes por que? porque te amaron.


La misión de tus padres contigo no ha terminado. Yo me serví de ellos para darte vida y formarte en un hombre adulto, ahora te los pongo en tus manos para que te liberes de ti mismo y entres en la madurez del amor.


No temas. Yo estoy a tu lado. Aprende a interpretar lo que te digan a la luz de mis enseñanzas y tendrás paz.


Un Niño

“Una vez el pequeño niño fue a la escuela. Era muy pequeñito y la escuela muy grande. Pero cuando el pequeño niño descubrió que podía ir a su clase con sólo entrar por la puerta del frente, se sintió feliz.


Una mañana, estando el pequeño niño en la escuela, su maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno- pensó el niño, a él le gustaba mucho dibujar, él podía hacer muchas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y botes. Sacó su caja de colores y comenzó a dibujar.


Pero la maestra dijo: - Esperen, no es hora de empezar, y ella esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar flores. ¡Qué bueno! - pensó el niño, - me gusta mucho dibujar flores, y empezó a dibujar preciosas flores con sus colores. 

Pero la maestra dijo: - Esperen, yo les enseñaré cómo, y dibujó una flor roja con un tallo verde. El pequeño miró la flor de la maestra y después miró la suya, a él le gustaba más su flor que la de la maestra, pero no dijo nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual a la de su maestra. 

Otro día cuando el pequeño niño entraba a su clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer algo con barro. ¡Qué bueno! pensó el niño, me gusta mucho el barro. Él podía hacer muchas cosas con el barro: serpientes y elefantes, ratones y muñecos, camiones y carros y comenzó a estirar su bola de barro. 

Pero la maestra dijo: - Esperen, no es hora de comenzar y luego esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a moldear un plato. ¡Qué bueno! pensó el niño. A mí me gusta mucho hacer platos y comenzó a construir platos de distintas formas y tamaños. 

Pero la maestra dijo: -Esperen, yo les enseñaré cómo y ella les enseñó a todos cómo hacer un profundo plato. -Aquí tienen, dijo la maestra, ahora pueden comenzar. El pequeño niño miró el plato de la maestra y después miró el suyo. A él le gustaba más su plato, pero no dijo nada y comenzó a hacer uno igual al de su maestra. 

Y muy pronto el pequeño niño aprendió a esperar y mirar, a hacer cosas iguales a las de su maestra y dejó de hacer cosas que surgían de sus propias ideas. 

Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a ir a otra escuela. En su primer día de clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno pensó el pequeño niño y esperó que la maestra le dijera qué hacer. 

Pero la maestra no dijo nada, sólo caminaba dentro del salón. Cuando llegó hasta el pequeño niño ella dijo: ¿No quieres empezar tu dibujo? Sí, dijo el pequeño ¿qué vamos a hacer? No sé hasta que tú no lo hagas, dijo la maestra. ¿Y cómo lo hago? - preguntó. Como tú quieras contestó. ¿Y de cualquier color? De cualquier color dijo la maestra. Si todos hacemos el mismo dibujo y usamos los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es cuál y quién lo hizo? Yo no sé, dijo el pequeño niño, y comenzó a dibujar una flor roja con el tallo verde.”

LOS PEQUEÑOS DETALLES

El alumno, según él, había terminado el cuadro. Llamó a su maestro para que lo evaluara. Se acercó el maestro y observó la obra con detenimiento y concentración durante un rato. Entonces, le pidió al alumno la paleta y los pinceles. Con gran destreza dio unos cuantos trazos aquí y allá. Cuando el maestro le regresó las pinturas al alumno el cuadro había cambiado notablemente.


El alumno quedó asombrado; ante sus propios ojos la obra había pasado de mediocre a sublime. Casi con reverencia le dijo al maestro: 

¿Cómo es posible que con unos cuantos toques, simples detalles, haya cambiado tanto el cuadro? 

Es que en esos pequeños detalles está el arte. Contestó el maestro. 

Si lo vemos despacio, nos daremos cuenta que todo en la vida son detalles. Los grandes acontecimientos nos deslumbran tanto que a veces nos impiden ver esos pequeños milagros que nos rodean cada día. Un ave que canta, una flor que se abre, el beso de un hijo en nuestra mejilla, son ejemplos de pequeños detalles que al sumarse pueden hacer diferente nuestra existencia. 

Todas las relaciones, familia, matrimonio, noviazgo o amistad, se basan en detalles. Nadie espera que remontes el Océano Atlántico por él, aunque probablemente sí que le hables el día de su cumpleaños. Nadie te pedirá que escales el Monte Everest para probar tu amistad, pero sí que lo visites durante unos minutos cuando sabes que está enfermo. 

Hay quienes se pasan el tiempo esperando una oportunidad para demostrar de forma heroica su amor por alguien. Lo triste es que mientras esperan esa gran ocasión dejan pasar muchas otras, modestas pero significativas. Se puede pasar la vida sin que la otra persona necesitara jamás que le donaras un riñón, aunque se quedó esperando que le devolvieras la llamada. 

Se piensa a veces que la felicidad es como sacarse la lotería, un suceso majestuoso que de la noche a la mañana cambiará una vida miserable por una llena de dicha. Esto es falso, en verdad la felicidad se finca en pequeñeces, en detalles que sazonan día a día nuestra existencia. 

Nos dejamos engañar con demasiada facilidad por la aparente simpleza. NO desestimes jamás el poder de las cosas pequeñas: una flor, una carta, una palmada en el hombro, una palabra de aliento o unas cuantas líneas en una tarjeta. Todas estas pueden parecer poca cosa, pero no pienses que son insignificantes. 

En los momentos de mayor dicha o de mayor dolor se convierten en el cemento que une los ladrillos de esa construcción que llamamos relación. La flor se marchitará, las palabras quizá se las llevará el viento, pero el recuerdo de ambas permanecerá durante mucho tiempo en la mente y el corazón de quien las recibió. 

¿Qué esperas entonces? Escribe esa carta, haz esa visita, levanta el teléfono. 

Hazlo ahora, mientras la oportunidad aún es tuya. NO lo dejes para después por parecerte poca cosa. En las relaciones no hay cosas pequeñas, únicamente existen las que se hicieron y las que se quedaron en buenas intenciones...


Da amor y amor recibirás


Tal vez esto te pasa a ti o alguien muy cerca de ti...
Fue una vez un muchacho, el primero en todo, mejor atleta, mejor estudiante, pero lo que nunca supo fue si era un buen hijo, un buen compañero o un buen amigo. En un día de depresión el muchacho se dejo morir. Cuando iba camino al cielo se encontró con un ángel y este le preguntó: "por qué lo hiciste? si sabias que te querían...", a lo que El respondió: "hay veces que vale mas una sola palabra de consuelo que todo lo que se sienta... en tanto tiempo nunca escuché: estoy orgulloso de tí... gracias por ser mi amigo... ni siquiera un te quiero mucho..."


Al quedar pensativo el ángel, el muchacho añadió: y sabes que es lo mas que me duele?", el ángel triste le pregunta: qué?, a lo que él responde: "que todavía espero oírlo algún día...".
Luego de esto el ángel abrazó al muchacho y le dice que no se preocupe por que se acerca a la única persona que siempre le dijo al oído que lo amaba pero el nunca lo escucho, pero lo espera con los brazos abiertos...



Moraleja:
Nunca pierdas la oportunidad de decirle a alguien lo importante que es para tí o pudiera ser demasiado tarde...






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